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Notas Boletín SIUN

Bogotá cuenta su historia a través de sus barrios

La Editorial Universidad Nacional de Colombia (UNAL) pone a consideración de los lectores el 'Atlas histórico de barrios de Bogotá 1884-1954', coeditada por la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Universidad Nacional de Colombia, autoría de los profesores Luis Carlos Colón Llamas y Germán Mejía Pavony, dirigido a personas interesadas en el campo del urbanismo, estudiantes de Arquitectura e Historia, y coleccionistas de libros objeto.

Atlas histórico de barrios de Bogotá 1884-1954

Aunque la década de los cincuenta es de capital importancia en el proceso de urbanización de Bogotá a partir de la anexión de seis municipios vecinos —Usaquén, Suba, Engativá, Fontibón y Bosa—, durante la primera mitad del siglo XX se incorporaron una serie de nuevos barrios, cuyos orígenes más remotos se remontan a la anexión de Chapinero en 1884.

Tales barrios provenían en su gran mayoría de los protocolos notariales mediante los cuales se radicaban las guías de parcelación que servían de referencia para las ventas de predios o la sesión de vías y espacios públicos al municipio. El Atlas histórico de barrios de Bogotá 1884-1954 reúne una selección de los planos que resultan más representativos de ese proceso de urbanización luego de un riguroso proceso de selección llevado a cabo en las notarías de la ciudad.

La Real Academia Española define al barrio como cada una de las partes en que se dividen los pueblos y ciudades o sus distritos. Se trata de un concepto mucho más antiguo que urbanización o parcelación, y que dependiendo del periodo histórico ha tenido connotaciones administrativas, además de núcleos sociales representativos asociados a las categorías de identidad y comunidad.



Considerado una valiosa herramienta de consulta para investigadores interesados en explorar diversos aspectos de la historia de la ciudad a lo largo de un periodo de tiempo que no ha sido muy explorado, el nuevo Atlas permite dar cuenta del crecimiento de la ciudad, los límites del territorio y la organización de la creciente urbe.

El libro es también una invitación a considerar las relaciones originadas entre los cambios de uso del suelo, la especulación de la tierra y las diversas acciones emprendidas en aras de urbanizar distintos sectores de la ciudad, junto con la posterior segregación, zonificación y estratificación de los barrios que hoy configuran el imaginario sobre el espacio urbano bogotano.

El Atlas está conformado por diez capítulos correspondientes a cada una de las zonas censales establecidas en Bogotá entre 1938 y 1951, de modo que se omiten las correspondientes a la ciudad colonial debido a que su surgimiento se encuentra por fuera del marco temporal.

Más allá de agregar unas pocas manzanas al núcleo de la ciudad consolidada, la apertura de la frontera urbana de finales del siglo XIX fue producto de un cambio de actitud por parte de las familias terratenientes que vivían de la renta: una nueva generación comenzaba a urbanizar o especular activamente con la tierra.

De esta forma el proceso de urbanización durante aquellos años estuvo impulsado por la necesidad de más espacio para vivienda, y en particular de vivienda obrera, junto con la oportunidad que se abría para negocios de tipo especulativo.

La Ley 26 de 1883 definía los límites de la ciudad con los municipios vecinos de Usaquén, Suba, Engativá, Fontibón, Usme, Ubaque, Choachí y La Calera. Esta jurisdicción cambió en 1935 con una reforma que determinó la ampliación de los extremos norte y sur de la ciudad.



A partir de 1914 se consolida la idea de un perímetro urbanizable en el que se establece una distinción entre predio urbano y rural, además de fijarse un polígono que limita el alcance de las redes básicas de infraestructura de servicios públicos junto con las vías de acceso. Dicho perímetro, sin embargo, dejaba poco espacio para el crecimiento futuro de la ciudad.

Aunque en 1917 se fija un nuevo perímetro que se extiende a buena parte del territorio de la ciudad de ese momento, solo hasta 1940 se actualizan las normas que lo definen, de tal manera que en adelante no se aprobará la formación de urbanizaciones ni la apertura de calles u otras obras que pudieran excederlo.

El plano «Bogotá Futuro (1923-1925)» proponía una trama de vías cortadas por diagonales con el propósito de que las calles no fueran absolutamente regulares ni se prolongaran indefinidamente en forma recta, de tal manera que se permitiera el surgimiento de barrios con características específicas, provistos de edificios públicos de carácter local, plaza de mercado y jardines públicos. Al ir en contravía de los intereses económicos del negocio especulativo, los urbanizadores hicieron modificaciones al trazado original.

«Bogotá Futuro» contempló también el diseño de vías principales y secundarias que, junto con la creación del Departamento de Urbanismo y la contratación de Karl Brunner, permitieron dar coherencia a un sistema de vías principales y a una red barrial de calles y carreras.

Muchos de los nuevos barrios creados a partir de los años veinte dieron forma a sectores residenciales que hoy son considerados patrimonio, además de los denominados barrios obreros. Esta situación determinó una segregación entre ricos y pobres que permanece hasta nuestros días.



En 1934 el Departamento Municipal de Urbanismo publicó un folleto que compilaba las disposiciones sobre construcciones y urbanizaciones abarcando «casi todos los aspectos del desarrollo moderno higiénico y estético en barrios residenciales». Algunas de estas normas exigían la continuación de la trama de la ciudad con calles «tan rectas como fuera posible», aparte de definir pautas para «asegurar a los modernos barrios residenciales su carácter de ciudad-jardín».

No obstante, la presión ejercida por algunos de los barrios obreros de la periferia determinó que en 1945 se aprobara un nuevo ensanche que determinó la incorporación de nuevos barrios a manera de pequeñas islas al norte, sur y occidente de la ciudad.

En 1948 el Concejo votó a favor de ampliar el perímetro hasta los límites del municipio, incrementando el campo de acción de urbanizadores privados pero, tras la aprobación del denominado Plan Piloto de 1951, a cargo del urbanista suizo-francés Le Corbusier, se revirtió tal medida y se proyectó una ciudad para un millón y medio de habitantes dentro de límites más compactos y con más zonas verdes.

La anexión de los seis municipios vecinos determinaría otro rumbo y otra historia para una ciudad que crecería de manera mucho menos ordenada.

 

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(JCM/Editorial UN; ilustraciones: DSG)

[Boletín SIUN 500, 20 de agosto de 2020]