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Notas Boletín UN Investiga

IV Encuentro Latinoamericano de 'Food Design' paladea el asco

En el marco del foro de expertos reunidos en la ciudad de Ensenada (Baja California, México) entre el 19 y 22 de octubre, para indagar sobre cómo mejorar la relación de las personas con los alimentos, la Universidad Nacional de Colombia presentará una ponencia sobre el concepto de lo asqueroso y su estrecha relación con la comida.

Las condiciones que plantea el mundo moderno respecto al constante incremento en el volumen de la producción de alimentos y su diseño dan pie a la necesidad de comprender las reacciones y emociones que se expresan de acuerdo a las particularidades de cada territorio, afirma Andrés Sicard, profesor asociado de la Escuela de Diseño Industrial de la Facultad de Artes de Universidad Nacional de Colombia (U. N.), para quien el complemento de lo apetitoso es lo asqueroso.

«Voy a buscar cómplices y socios que estén interesados en indagar y construir un proyecto de investigación que profundice respecto a la necesidad de que el diseño estudie las cualidades, propiedades y características que involucra el concepto del asco», explica el docente, quien sostiene que este tipo de emoción puede adquirirse por inducción cultural o como mecanismo de protección biológica.

En procura de alcanzar dicho objetivo, la expectativa del profesor es la de conformar un equipo de trabajo integrado por sociólogos, antropólogos, ingenieros de alimentos, especialistas en el campo de la nutrición, diseñadores gráficos e industriales, agricultores, campesinos y todos aquellos interesados en mejorar la relación de los seres humanos con los alimentos.

«Mi intención es la de convertir el asco en un objeto de estudio y de diseño que permita la producción de objetos asquerosos o más apetitosos, a partir de las certezas que iré teniendo respecto a qué elementos quitar para evitar la sensación de asco», agrega el académico, quien además es uno de los miembros fundadores de la Red Latinoamericana de Food Design, cuya intención es, en últimas, mejorar la calidad de vida de la gente.

«Durante muchos años del siglo pasado se privilegió y promovió el consumo del cigarrillo como algo culturalmente aceptable; sin embargo, puesto que hace 15 años se logó demostrar en forma científica que hay una serie de químicos perjudiciales, se incorporó una serie de cartografías visuales y descripciones físicas sobre su potencial daño haciendo uso de imágenes repulsivas», recuerda el director del Grupo de Investigación de Saberes Implícitos de la U. N., cuya propuesta es la de hacer un ejercicio de similares características con algunos alimentos.

Para el académico hace falta explicar al consumidor sobre las ventajas o desventajas de consumir ciertos productos a través de una serie de categorías, clasificaciones y códigos que le permitan tomar una decisión consciente y autónoma respecto a qué tan saludable o perjudicial puede ser un tipo de alimento para su salud.

«Más allá de confeccionar una lista de alimentos potencialmente asquerosos, lo que busco es mostrar que si el diseño tiene en cuenta aquellas categorías o variables que propician el asco, se puede contribuir a que una cultura o comunidad consuma alimentos que le resulten benéficos y termine por distanciarse de aquellos que son perniciosos o dañinos», argumenta Sicard, además  de llamar la atención sobre la necesidad de incorporar cualidades o calidades para cambiar algunos comportamientos culturales.

Las cosas en sí mismas no son asquerosas, prosigue el profesor: son los juicios de valor los que les terminan dando esa connotación; y en tal sentido llama la atención respecto a la importancia que tiene enunciar un plato sobre la manera como será recibido por el comensal.

«Citando lo que ha dicho con tanta contundencia mi colega Alejandro Otálora —profesor de la Escuela de Diseño Industrial de la U. N.—, una cosa es decir que voy a comer un cadáver descuartizado con quemadura de tercer grado, y otra muy distinta, hacer referencia a un pollo asado», ejemplifica el experto, doctor en ciencias de la información.

«La semántica puede estar expresada en el estado como se presenta el alimento y en trabajar su concepto como un ejercicio que se piensa conceptualmente, pero que se materializa al ser capaz de tomar el alimento como materia prima para hacer un nuevo material que luego podrá ser utilizado en una preparación que, por ejemplo, tenga la presentación de un plato servido a la mesa o que esté expuesto en la góndola de un supermercado», añade.

Con un panorama en el que organizaciones como la FAO y la OEA plantean la necesidad de incorporar cada vez en mayor medida insectos a nuestra dieta alimentaria, debido a que se trata de una oferta de proteína mucho más amplia y menos dañina para el ambiente, se encuentra servida la discusión respecto a si se debe continuar privilegiando un tipo de alimentación que privilegie un consumo de carne, a pesar de que su producción demande un exacerbado consumo de agua.

«Una de las perversiones de nuestra cultura es que siempre intentará conducir al otro a consumir más de lo mismo y a volver de manera reiterativa sobre aquello que le produce asco», advierte el profesor Sicard, para quien este tipo de condición morbosa no solo termina expresándose en la comida sino en muchos otros frentes: la sexualidad o la adicción al alcohol o las drogas.

Conceptualizado por la Red LaFD y coproducido por la Red de Ciudades Creativas de UNESCO, el IV Encuentro Latinoamericano de Food Design es un evento gratuito que reúne a diseñadores, chefs, artistas, gastrónomos, cocineros, viticultores, restauranteros, investigadores, estudiantes y representantes de las industrias alimenticias.

(JCMG; foto: Archivo Unimedios)

[Boletín UN Investiga 319, 20 de octubre de 2016]

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